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Historias del foroTraiciónFicción9 min de lecturaParte 2 de 3

La niñera salvó a mi hija, pero mi cuñada juró que la empujó — Parte 2 de 3

Por WixForum KitchenPublicada el

La policía llegó veinte minutos después, pero Victoria ya había desaparecido

El guardia volvió al patio con las manos vacías y la cara pálida. No la encontró. Victoria se había escabullido por la puerta lateral en medio del caos, justo cuando yo estaba abrazando a Emma.

—Señor Lucas, lo siento. Se me escapó. Debió saltar la valla trasera —murmuró el guardia.

Sentí que la sangre me hervía. No podía creer que mi propia cuñada, la hermana de mi difunta esposa, hubiera intentado ahogar a mi hija y encima culpara a la niñera. Y ahora se fugaba.

Sofía se acercó a mí, con el teléfono todavía en la mano.

—Papá, hay algo más. Vi un mensaje en el teléfono de Victoria hace un rato. Estaba en la cocina, no se dio cuenta. Alguien le escribió: «¿Lo hiciste?». Y ella respondió: «Sí, pero la niña no se callaba».

Me quedé mudo. ¿La niña no se callaba? ¿Emma lloraba? ¿Por eso la empujó? ¿Porque mi hija de dos años la molestaba?

Grace, que estaba sentada en una silla con una toalla sobre los hombros, alzó la cabeza. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar.

—Señor Lucas, hay algo que no le he dicho. Victoria vino a verme hace tres días. Me ofreció dinero para que dejara el trabajo. Me dijo que usted tenía problemas económicos y que iba a despedirme de todas formas. Yo le dije que no. Que yo no necesitaba su dinero.

Me giré hacia ella, sorprendido.

—¿Qué? ¿Por qué no me lo contaste?

Grace bajó la mirada.

—Pensé que era un malentendido. Que quizás ella estaba preocupada por Emma y no quería a una extraña en casa. No quise crear problemas.

Un escalofrío me recorrió la espalda. Victoria no solo había intentado matar a mi hija. Había planeado todo con antelación. El dinero, la oferta, la mentira. Todo era parte de un plan.

Pero, ¿por qué? ¿Qué ganaba ella con eso?

La respuesta llegó dos horas después, cuando la policía llamó. Habían encontrado a Victoria en la estación de autobuses, intentando comprar un billete a otra ciudad. La habían detenido.

Fui a la comisaría con mi abogado. Victoria estaba sentada en una sala de interrogatorios, con las manos esposadas y la mirada perdida. Cuando me vio entrar, soltó una risa amarga.

—¿Has venido a ver mi caída, Lucas? ¿A disfrutar del espectáculo? —dijo, con la voz cargada de veneno.

Me senté frente a ella.

—¿Por qué, Victoria? ¿Qué te hizo Emma? ¿Qué te hice yo?

Ella se inclinó hacia delante, con los ojos brillantes de rabia.

—Tu esposa, mi hermana, murió hace dos años. Y tú, en menos de un año, ya tenías a una niñera viviendo en tu casa. Sonriendo, cuidando a tu hija, ocupando su lugar. ¿Crees que no lo vi? ¿Crees que no supe que ibas a casarte con ella?

Me quedé atónito.

—¿Casarme? ¿De qué hablas? Grace es la niñera. No hay nada entre nosotros.
—¡Mentira! —gritó Victoria, golpeando la mesa—. La vi mirándote. La vi sonriendo cuando tú llegabas. La vi con Emma como si fuera suya. Ibas a reemplazar a mi hermana, y yo no iba a permitirlo. Preferí verla muerta antes que verte feliz con otra.

Me quedé sin aliento. Su odio no tenía límites. No era contra Grace. Era contra mí. Contra mi felicidad. Contra la vida que intentaba reconstruir tras la muerte de mi esposa.

Salí de la comisaría con el corazón pesado. La justicia haría su trabajo, pero yo tenía otra batalla que librar.

Cuando llegué a casa, Grace estaba en la cocina, preparando la cena. Emma dormía en su habitación. Sofía estaba en el salón, con el teléfono en la mano, mirándome con preocupación.

—¿Qué vas a hacer ahora, papá? —preguntó.

Miré a Grace. Ella me devolvió la mirada, con sus ojos cansados pero sinceros. Y entonces lo supe. No podía dejar que Victoria ganara. No podía dejar que su odio destruyera lo que estaba construyendo.

Pero había algo más. Una verdad que Victoria había sacado a la luz sin querer.

Grace no era solo la niñera. Y yo lo sabía desde hacía más tiempo del que estaba dispuesto a admitir.

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