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Historias del foroTraiciónFicción7 min de lecturaParte 1 de 3

¡Mi marido me encontró con mi amante mientras estaba embarazada, pero lo que hizo después me dejó sin palabras!

Sergio descubrió a Emilia en la cocina, pero la verdadera sorpresa llegó cuando la voz de su madre interrumpió el tenso momento. ¿Qué oscuro secreto escondía Emilia?

Por WixForum KitchenPublicada el

EL ENCARGO SECRETO DE DOÑA CARMEN

La fiesta de cumpleaños de Sergio estaba en pleno apogeo. Las luces tenues del moderno piso en Madrid creaban un ambiente íntimo, pero para mí, Emilia, embarazada de ocho meses, era una tortura. El bullicio, las risas forzadas, la música alta... todo me abrumaba. Sergio, mi marido, parecía ajeno a mi malestar, absorto en sus invitados. Sentí una punzada de culpa por no estar a la altura de la anfitriona perfecta que él esperaba.

De repente, oí su voz, teñida de una leve ansiedad, preguntando a alguien: "¿Dónde está Emilia?". Mi corazón dio un vuelco. Me había retirado a la cocina, buscando un respiro, un momento de soledad para lidiar con las patadas de mi bebé y la creciente inquietud que me invadía. Me escondí detrás de la encimera, intentando controlar mi respiración.

Sara, una de las amigas de Sergio, de cabello rubio sucio y sonrisa fácil, me encontró allí. Su mirada me recorrió de arriba abajo, deteniéndose en mi abultada barriga. "En la cocina", le dijo a Sergio con esa picardía que tanto le caracterizaba. Sentí un sudor frío recorrer mi espalda. Sabía que Sergio no tardaría en aparecer.

UN ENCUENTRO INESPERADO EN LA COCINA

Sergio apareció en el umbral de la cocina, su rostro iluminado por la luz cálida de la estancia. Por un instante, vi preocupación en sus ojos. Se acercó a mí, su expresión suavizándose. "Emilia", susurró, su voz llena de una ternura que rara vez me dedicaba últimamente. Me sentí vulnerable, expuesta. Estaba a punto de decirle algo, algo importante, cuando...

Una voz estridente rompió la intimidad del momento. Era Doña Carmen, la madre de Sergio, desde el salón. "¡Emilia, date prisa con esos platos y trae hielo! ¡Los invitados te esperan!". El tono imperativo, la orden directa, me hizo encogerme. Pero lo que más me heló la sangre fue la reacción de Sergio.

Su rostro se contrajo. La preocupación se transformó en una mueca de ira contenida. Su mandíbula se tensó. Me miró fijamente, y en sus ojos vi un brillo que no reconocí. Era una mezcla de sospecha y decepción. "Tenemos que hablar", dijo, su voz ahora grave y amenazante. El ambiente se había vuelto irrespirable. La fiesta, la alegría, todo se desvaneció, dejando solo el peso de una conversación que temía más que a nada.

Me agarró suavemente del brazo, pero su agarre era firme, casi posesivo. Me sacó de la cocina, dejándola atrás con sus platos a medio lavar y el eco de la voz de Doña Carmen. Caminamos por el pasillo, alejándonos del murmullo de la fiesta, hacia nuestro dormitorio. La puerta se cerró tras nosotros con un clic definitivo, aislándonos del mundo exterior.

Sergio me empujó suavemente hacia la pared. Me miró de arriba abajo, su mirada escrutadora. "¿Quién es él, Emilia?", preguntó, su voz apenas un susurro cargado de veneno. Mi corazón latió con fuerza. ¿De qué estaba hablando? ¿De quién hablaba? El pánico comenzó a apoderarse de mí. No entendía nada. La fiesta, mi embarazo, la reprimenda de mi suegra... todo se mezclaba en una pesadilla.

Intenté balbucear una respuesta, pero las palabras se atascaron en mi garganta. Él se inclinó hacia mí, su aliento caliente en mi rostro. "No te hagas la tonta conmigo. He visto el mensaje en tu móvil". Sacó su teléfono y me mostró una notificación. Un mensaje de Mateo. "Te espero esta noche, mi amor. No faltes." Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies. Mateo... un viejo amigo. Nada más. Pero la cara de Sergio lo decía todo. Me había acusado. Me había juzgado sin escuchar.

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